La bioseguridad en el establecimiento se garantiza mediante la gestión correcta de los cadáveres a través de un protocolo que defina su traslado y destino final dentro de las primeras 48 horas de ocurrida la muerte para evitar la propagación de enfermedades ya que según el tamaño del animal se recomienda el entierro in situ para fetos o terneros mientras que para adultos se debe disponer de un cementerio específico ubicado en terrenos elevados y alejados de zonas habitadas para no contaminar las napas ni poner en riesgo la salud pública.
Para garantizar un entorno seguro, es vital contar con un protocolo que defina con claridad el traslado, el destino final y el procesamiento de los restos, asegurando que estas acciones se completen siempre dentro de las primeras 48 horas del deceso, de acuerdo a un informe de Todo Lechería.
Protocolos según el tamaño del animal
La estrategia de disposición final varía según la categoría del animal para optimizar recursos y reducir riesgos:
-Fetos y terneros: Se recomienda el entierro in situ (en el lugar), en pozos de al menos un metro de profundidad y con aplicación previa de desinfectante.
-Animales adultos: Deben ser trasladados a un cementerio específico dentro del establecimiento. Este espacio debe estar alejado de zonas habitadas, en terrenos elevados para evitar anegamientos y correctamente cercado.
El manejo sanitario eficiente
El error más común en los establecimientos es el arrastre de cadáveres, una práctica que dispersa agentes infecciosos como Carbunclo, Tuberculosis o Salmonelosis.
Para evitarlo, se sugieren las siguientes pautas:
-Transporte seguro: Utilizar palas mecánicas, pinches o balsas de arrastre. Si el cuerpo elimina fluidos, es imperativo cubrirlo con bolsas embebidas en desinfectante.
-Higiene de maquinaria: Cualquier equipo que tome contacto con los restos debe ser desinfectado exhaustivamente, especialmente si esa misma maquinaria se utiliza luego para la manipulación de forrajes o alimentos.
-Desinfectantes recomendados: El uso de formol, fenoles, cresoles, iodo con ácido fosfórico o ácidos orgánicos de última generación garantiza la eliminación de microorganismos patógenos.
-Preservación de napas: Las fosas no deben superar el metro de profundidad para no contaminar aguas subterráneas, cubriendo siempre los restos con un mínimo de 40 cm de tierra.
-Nota importante: Se desaconseja la quema de cadáveres. Además de ser un proceso complejo, puede favorecer la expansión de esporas y generar un impacto ambiental negativo innecesario.

