La alfalfa es el cultivo forrajero más relevante de los sistemas ganaderos y lecheros intensivos de la Argentina, por su alto valor nutricional, su capacidad de fijar nitrógeno y una demanda creciente, tanto interna como para exportación de heno.
Sin embargo, su desempeño productivo y económico se juega en gran medida antes de que emerja el cultivo. Con 3.400.000 hectáreas implantadas, la Argentina es uno de los principales países productores de alfalfa del mundo.
Según destacaron los ingenieros agrónomos Miguel Fornis, Juan Lus, Ariel Odorizzi, Daniel Basigalup, Fernando Scaramuzza en una recopilación que realizó TodoAlfalfa, una implantación deficiente compromete la persistencia y el rendimiento, con costos difíciles de recuperar. “El problema de la generación de plantas es la siembra; allí se define la mayor parte del éxito o fracaso del cultivo”, resumió Juan Lus.
Momento de siembra y elección del lote
En la región pampeana, la fecha óptima de siembra es a comienzos de otoño (marzo-abril), cuando las condiciones de temperatura y humedad favorecen la emergencia y hay menor competencia de malezas. Además, permite un buen desarrollo radicular antes del invierno. Las siembras tardías de primavera elevan el riesgo de estrés térmico e hídrico.
La elección del lote y del cultivo antecesor es clave. Los mejores resultados se logran con antecesores que liberan temprano el lote y dejan poco rastrojo, como moha para heno o girasol, mientras que maíz y sorgo para grano o pasturas degradadas son los menos recomendados.
Semilla, suelo y precisión
El uso de semilla fiscalizada, correctamente inoculada y curada, es indispensable. El objetivo es alcanzar un stand de 250 a 350 plantas por metro cuadrado, respetando una profundidad de siembra crítica de 0,5 a 1,5 cm y espaciamientos que, idealmente, se ubiquen en torno a 12–17,5 cm entre hileras.
El suelo debe ser profundo, bien drenado y con pH cercano a la neutralidad. El fósforo suele ser el principal nutriente limitante, y la alfalfa también es sensible a deficiencias de azufre y boro. Los análisis de suelo y el uso de tecnologías de diagnóstico de precisión permiten ajustar mejor las decisiones.
Maquinaria y manejo inicial
La correcta calibración de la sembradora y una velocidad de trabajo no mayor a 5–6 km/h son determinantes para lograr una implantación uniforme. A esto se suma el aporte de las tecnologías 4.0, como drones y plataformas digitales, que facilitan el monitoreo del stand y la evaluación objetiva de la siembra.
El manejo post-siembra también es decisivo: control temprano de malezas y plagas, evaluación del cultivo a los 20–30 días y un primer corte oportuno, cuando la planta presenta 2 a 3 nudos basales, son claves para asegurar la persistencia de la pastura.

