¿Cuáles son las bases para mejorar la rentabilidad de la ganadería de carne?

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La rentabilidad de la ganadería de carne no está influida solamente por el precio de la carne y su relación relativa con los diferentes insumos (relación insumo: producto). Es algo mucho más complejo donde intervienen, además, factores culturales y de gestión que amenazan con la sustentabilidad y el futuro de la actividad. Por Aníbal Fernández Mayer.

Una encuesta realizada por la Sociedad Rural de Pehuajó (Buenos Aires), en el año 2011, sobre 583 productores (±75% del partido) con un stock entre 50 a 500 vacas de cría, arrojó “alarmantes” resultados que se presentan en la Tabla 1 y Gráfico 1. Deseamos que los indicadores que arroja esta encuesta hayan sido mejorados en la actualidad.

Si comparamos este diagnóstico, situación generalizada en la ganadería de carne, con la realidad que vive la actividad agrícola o lechera en los países de América Latina, y en especial en Argentina, se observa que en éstas se ha producido, en los últimos 20 años, una alta incorporación de tecnologías que hacen a ambas actividades competitivas interna y externamente, mostrando indicadores productivos del más alto nivel internacional. Hoy estamos en condiciones de competir en volumen y calidad con los productos (granos y leche) de ambas actividades.

Ahora, ¿qué pasa con la ganadería de carne? ¿Está en condiciones de incrementar los indicadores productivos y reproductivos si se mejora el precio de la carne? ¿Se producirá un aumento significativo de la rentabilidad y sustentabilidad del sistema con solamente mejorar el precio del producto final (carne)?

De acuerdo a los antecedentes históricos la respuesta no es positiva. Si vemos la Tabla 2 se observa la evolución de los valores de la carne, del dólar y de algunos insumos referenciales (gas oíl y grano de maíz) de la Argentina en los años 2009, 2010 y en el 2021.

En el 2010 se alcanzó la mejor relación insumo: producto entre el precio de la carne (kilo vivo) con el valor de algunos insumos claves (gas oíl y grano de maíz). Sin embargo, esta mejor relación no produjo un incremento significativo en los índices productivos ni reproductivos, solamente se redujo la liquidación de vientres (vaquillonas y vacas nuevas), lo que produjo un incremento en el número de terneros nacidos en los años siguientes (2011 al 23).

Un dato muy interesante para analizar fue que, a pesar de los mejores precios del 2010, el índice de destete, promedio de las regiones pampeana, subhúmedas-semiáridas y a nivel nacional, se mantuvieron muy bajos (71, 65, 62,7% respectivamente) siendo aún menores en muchas áreas del litoral o zonas áridas del país.

Esta situación amenaza con la sustentabilidad de los sistemas ganaderos (carne) que “expulsa” a muchos productores medianos y chicos del sistema productivo.

Mientras que el productor agrícola, de acuerdo a las características del mercado (precios de los granos oleaginosos y cereales) y a los costos de implantación, manejo y de comercialización, toma decisiones que de una forma u otra marcan el rumbo de la empresa. Como, por ejemplo, decidir la siembra de determinados cultivos y la tecnología a aplicar, estima los posibles costos de implantación, manejo y cosecha y cuáles pueden ser los posibles rendimientos e ingresos netos. Con toda esta información define el Flujo de fondo o caja, parcial por cultivo. Además, controla la cosecha y el peso de c/u de los camiones que salen del campo, y muchas veces, hasta toma un seguro Multiriesgo para evitar algunos riesgos climáticos.

Muchas veces, sin darse cuenta, con toda esta información el productor está elaborando el Proyecto de cada uno de los cultivos (trigo, soja, maíz, etc.) y la suma de cada proyecto por cultivo es, ni más ni menos, que el Proyecto agrícola de la empresa.

Algo similar ocurre con el productor de leche, quien tiene claro sus objetivos y metas. Planifica la siembra y manejo de los forrajes frescos, conservados (reservas) y concentrados. Hace un análisis de los futuros costos e ingresos de leche que tendrá, al menos aproximados, mes a mes durante todo el año (flujo de caja). Además, hace constantemente ajustes de los alimentos (balance de las dietas), del manejo, etc. Todo esto integra su Proyecto lechero, el cual le da ciertos márgenes de previsibilidad a la actividad.

En aquellos momentos que los precios de los granos o leche no son los mejores, se mantiene todo el sistema latente a la espera de una mejora en los valores de los productos. Cuando eso ocurre se produce una “explosión”, literalmente hablando, en la producción de granos (oleaginosos y cereales) o de la leche.

¿Sin embargo, que pasa con el productor ganadero? ¿Sabe cuántos animales, con que peso y en qué fecha estarán terminados para su venta? ¿Tiene planificado las ganancias de peso a lo largo del año? ¿Ajusta el manejo y/o las dietas en función de las ganancias de peso? ¿Evalúa la calidad nutricional de los principales alimentos (silajes, henos, concentrados, etc.)?  ¿Sabe mes a mes cuáles serán sus gastos e ingresos estimados? En su mayoría NO.

Se estima que no supera el 10% de los productores, en todo el país, que tiene una báscula para pesar animales. Esta situación atenta seriamente con el manejo, administración de los recursos alimenticios (forrajes, reservas y concentrados) y la planificación de las ventas (ingresos).

¡Se suele decir que la rentabilidad de la ganadería no permite la compra de una báscula y que “antes” hay muchas otras cosas que comprar…!

Sin embargo, el costo de una báscula mecánica, porque las electrónicas son mucho más económicas, representa el equivalente de la venta de 4 a 7 novillos gordos (como máximo), dependiendo si son fijas o transportables. Y su duración supera los 25 años cuando son cuidadas adecuadamente. ¿Es éste el verdadero motivo? ¿O en realidad no se sabe por qué es conveniente tener una balanza para pesar animales?

Para hacer de la ganadería un “buen negocio” debemos conocer qué pasa con nuestros animales, como responden a un manejo o alimentación determinada (forrajes frescos, conservados, concentrados, etc.), conocer los costos e ingresos reales y estimados a lo largo del año y establecer un programa de ventas estratégicas para cubrir los costos de mejoras o inversiones.

Si eso no ocurre es como si entráramos a una habitación de noche con la luz apagada y quisiéramos saber ¿qué cosas hay en ella, de qué material y color son?

En un sistema ganadero “rentable” es imprescindible tener la mayor información física y económica posible. Entre ellas debemos saber las ganancias de peso que produce un alimento o manejo determinado, y si esas ganancias están de acuerdo a la planificación realizada. En caso de que se alejen a las proyectadas podemos hacer los ajustes necesarios en “tiempo real”, cambiando de forraje o aumentando o usando algún otro tipo de concentrados, etc. En otras palabras, “prendemos la luz” de nuestro sistema productivo.

Con toda esta información física y económica se puede estimar el movimiento financiero (flujo de fondo o de caja) a lo largo del año o ciclo productivo y evaluar con criterio el real negocio de la ganadería.

Nunca podremos mejorar los indicadores productivos ni reproductivos, si tenemos la “luz apagada” del planteo ganadero. Sólo sabemos que los números no son buenos y esperamos que mejoren cuando aumenten los precios de la hacienda, en lugar de armar un sistema productivo sólido y sustentable que enfrente exitosamente cualquier evento externo que pueda afectarla, como problemas ambientales, de mercado, etc. y que busque mejorar constantemente el resultado económico de la empresa.

¿Qué podemos hacer?

Tenemos una serie de herramientas (estrategias de manejo y empresariales) que pueden mejorar significativamente esta situación.

El primer paso es construir un “Proyecto ganadero”, ajustado a las características de la empresa, que contemple los requerimientos y recursos necesarios para realizar adecuadamente la actividad cría, engorde o ciclo completo. La mayoría de las empresas pecuarias NO tienen un Proyecto que oriente y suministre indicadores técnicos-económicos válidos, en tiempo real, al productor y a su asesor.

Es imposible promover una ganadería vacuna eficiente y rentable si no existe un Proyecto y pautas de monitoreo que garanticen los controles técnicos-económicos del caso.

Entre los principales objetivos de un Proyecto Ganadero, se destacan:

  • Dar previsibilidad al sistema ganadero definiendo categoría, número y peso final de los animales que se venderán a lo largo del año. Asimismo, estimar la fecha de venta, monto de ingreso (a valores actuales) y los principales costos directos e indirectos con varios meses de anticipación.
  • Establecer un planteo técnico-económico de la actividad cría y/o engorde y la planificación de los recursos alimenticios (forrajes frescos, conservados y concentrados) e instalar un plan sanitario y reproductivo adecuado a las características de la empresa ganadera que permita cumplir con la meta establecida.
  • Definir un programa de ventas estratégicas que permita generar un Flujo de fondos o de caja financiero adecuado a las expectativas de la Empresa a lo largo del período productivo.

En síntesis, todos los esfuerzos deben estar dirigidos a lograr los mejores índices productivos, reproductivos y económicos que busquen reducir el “costo del kilo de carne producido”, lo más posible.

Que necesitamos para elaborar un Proyecto Ganadero

Ante todo, es necesario saber que ningún Proyecto generará resultados mágicos, todos los logros serán producto de esfuerzos y estrategias bien dirigidas, con objetivos y metas claras, con una adecuada planificación y los monitoreos correspondientes. Además, todo Proyecto ganadero debe ser “flexible y dinámico”, debe ajustarse a los cambios de los mercados (internos y externos), a las variaciones de los precios de los principales insumos (gas oíl, concentrados, forrajes, etc.) y a los eventos externos ambientales (sequías o inundaciones). Por todo ello, es recomendable hacer los ajustes que correspondan, al menos, una vez al año para ir adaptando el Proyecto (objetivos y metas) a las variaciones de los mercados, precios o medio ambiente.

Para construir un adecuado Proyecto, ajustado a las expectativas de la empresa, se debe contar con la mayor cantidad y calidad de información posible, tanto productiva como económica (producción de los diferentes forrajes en nuestro campo o la zona, variación de las ganancias de peso a lo largo del año, fluctuaciones “estacionales” de los precios de los principales insumos y productos, etc.). Con todo esto se podrá hacer un buen diagnóstico para mejorar el resultado económico del sistema productivo.

Es cierto que generar una buena base de información requiere un poco de tiempo, pero NO podemos esperar más, debemos empezar lo antes posible para recuperar el tiempo perdido. En un buen Proyecto se deben hacer los cálculos técnicos-económicos para determinar cuántos animales, qué categoría, el peso final y fecha que se venderá cada tropa. Además, se deben calcular los costos e ingresos que correspondan. Todo esto nos permitirá elaborar un Flujo de caja de la actividad ganadera.

Entre los aspectos vinculados con el manejo, alimentación y sanitarios-reproductivos, que se deberían implementar en un buen Proyecto, se destacan:

  1. Elaborar una Base forrajera de la mejor calidad posible y adaptada a las características del campo.
  2. Hacer un manejo adecuado de los forrajes frescos, conservados (henos, ensilados, cultivos diferidos) y concentrados (granos, subproductos energéticos-proteicos de agroindustria, etc.), buscando siempre producir “alimentos de alta calidad”.
  3. Mejorar el manejo y nutrición de la vaca de cría. Restricción post-destete y condición corporal.
  4. Conocer la Calidad del agua de todas las perforaciones o molinos, tanto para consumo vacuno como humano, “antes” de realizar otro tipo de inversiones (instalación de corrales para engorde, etc.) o mejoras (implantación de cultivos, etc.)
  5. Realizar un adecuado estacionamiento del servicio y tacto “siempre”.
  6. Realizar un destete precoz, anticipado o temporario cuando sea necesario.
  7. Controlar todas las enfermedades reproductivas (Brucelosis, Tricomoniasis, Vibriosis, etc.)
  8. Capacitación del empresario y del personal. Sistema de incentivos y estímulo.

En las Tablas 3 y 4 se presenta un ejemplo real del campo de la Flia Chiatellino (Bonifacio, Guaminí, Bs As)1.

En estas Tablas se muestran las ganancias de peso “estimadas” y las “reales” a lo largo del ciclo productivo. Esta información ayudará a que se tomen decisiones “oportunas” de manejo o empresariales, cuando las ganancias reales se alejen a las estimadas. Cuando eso ocurra se puede modificar, en tiempo real, el manejo de los forrajes frescos, la suplementación (cantidad y/o calidad) o reservas de pasto, buscando alcanzar los objetivos y metas del Proyecto del campo.

A modo de ejemplo, se presentan algunos resultados físicos de este campo.

  • Número de animales: 700 cabezas en engorde
  • Peso vivo Inicial: 180 kg/cabeza
  • Peso vivo Final: 425 kg/cabeza
  • Superficie asignada: 467 ha
  • Duración del engorde316 días
  • Carga animal: 1.5 cabezas/ha
Ganancia Diaria de Peso (media)  real  -1º  año- 0,728 kg/cabeza/día

 

Para realizar este monitoreo (evaluación de las ganancias de peso) es imprescindible disponer de una báscula para pesar los animales y realizar estos controles en forma periódica.  En engorde pastoril, se aconseja pesar cada 30 a 35 días y en engorde a corral cada 15 a 20 días. Con esta información sabemos cómo marchan las ganancias de peso “reales” y si se ajustan al programa elaborado (planificación).

Cuando las ganancias reales son inferiores en más de un 10% a las estimadas se debe “actuar” inmediatamente, de ahí la importancia de realizar las pesadas con el menor intervalo posible. Habría 2 formas de intervenir:

  1. Modificando los integrantes de la dieta (incorporando granos o algún concentrado proteico, variando la oferta de forraje fresco o agregando fibra –rollos, silajes o rastrojos de cosecha-).
  2. Variando la proporción o cantidad de alguno de ellos.

Si las ganancias reales son superiores a las estimadas, sin haberse modificado la cantidad de ninguno de los alimentos, el resultado económico final será mayor (más producción con el mismo costo). Esto ocurre porque hay una mejor conversión de los alimentos en carne y ello permitirá anticipar las ventas.

Además, de las pesadas periódicas es necesario hacer algunos análisis químicos de los principales alimentos que integrará la dieta, como los silajes de planta entera, los henos (rollos), concentrados proteicos y/o energéticos, etc. De esta forma se tendrá más elementos técnicos para hacer los ajustes adecuados. Es imprescindible saber la calidad de los alimentos que comen los animales y, desde ya, ofrecer la mayor cantidad posible de ellos si es que se quieren mejorar los índices productivos y reproductivos.

Por último, se deben registrar todos los gastos, los ingresos, las muertes y cualquier otro acontecimiento que pueda afectar la respuesta productiva y económica. Con toda esta información se podrán elaborar indicadores productivos y económicos que reflejen la realidad de la empresa ganadera y serán fundamentales para evaluar si los resultados están en línea con los objetivos y metas definidos previamente. De la precisión y rapidez que se hagan estos controles dependerá, en gran parte, el éxito del Proyecto.

Conclusiones

Es posible mejorar y significativamente, tanto el resultado productivo como el económico de una empresa ganadera y darle previsibilidad y sustentabilidad al sistema, aún, cuando los precios de la carne no sean los mejores. Para ello, se debe elaborar un adecuado Proyecto Ganadero y ajustado a las expectativas de cada productor ganadero y su familia.

En resumen, los productores ganaderos tienen una gran oportunidad para hacer de la actividad un negocio rentable, aún, con las fluctuaciones del clima, de los mercados y precios de la carne. No se debería dejar pasar este momento, porque de las acciones que se hagan dependerán los resultados productivos y económicos futuros.

En la medida, que se haga “previsible” la actividad ganadera se logrará incrementar la producción de carne y el beneficio económico, haciendo viables los sistemas productivos y garantizando un futuro sostenible de la actividad.

Por Aníbal Fernández Mayer. Doctor en Ciencias Veterinarias especializado en Nutrición Animal (Ing. Agr. M.Sc. PhD) Director Ejecutivo de la Consultora Internacional de Producción y Nutrición de bovinos (carne y leche). (fuente Expoagro)