El girasol, un cultivo con gran potencial en el país

0

El cultivo de girasol registra altos y bajos en la producción local. Grandes momentos combinados con ventanas de tiempo con baja participación en las rotaciones.

Sin embargo, su mercado para la Argentina tiene fortalezas y oportunidades. También muchas debilidades a revisar, pero pocas amenazas. La Bolsa de Comercio de Rosario revisó estos aspectos y mostró, en un detallado informe, la posición de liderazgo en la puede convertirse la producción argentina de girasol.

Entre los factores que brindan una consolidación estructural a la cadena de girasol argentino está “la cultura girasolera de los productores” que logró, en su momento, ser el primer exportador mundial de aceite crudo de girasol.

Asociado a esto, institucionalmente, tiene un trayectoria por más de 20 años, al formar la primera asociación de valor representante de una cadena con la creación de Asagir (Asociación Argentina de Girasol).

Aunque actualmente es un proveedor marginal en este mercado, esto permitió, por un lado, lograr el desarrollo de un paquete tecnológico de punta que países competidores no tienen y, por otro, conseguir el autoabastecimiento para el consumo de aceite (se consumen entre 11/12 litros de girasol per cápita, abastecidos por 540.000 hectáreas).

Combinando aspectos productivos y comerciales, la oleaginosa puede apuntar a cuatro mercados bien diferenciados: el de aceite crudo; el mercado local y los regionales de aceite refinando; el de girasol o aceite “alto oleico” y también el “confitero”.

De esta forma, se puede conjugar planes de siembra con la perspectiva de los diversos mercados, aprovechando una gran ventaja para la Argentina: abastecer los mercados en contra estación.

Además, técnicamente, tiene buen potencial de rindes en suelos con menor aptitud (diferentes de la zona núcleo) e importante capacidad para soportar prolongadas sequías en superficie, si es que se ha sembrado con adecuada humedad y se logró el primer desarrollo evolutivo de la planta.

Con esta base, se abren importantes oportunidades.

En el mercado mundial de aceite hay muy pocos oferentes, siendo la Argentina prácticamente el único exportador que ingresa a contra estación a los principales mercados de demanda, con producto de alta calidad y de consumo masivo.

Asimismo, Argentina puede abastecer en los próximos diez años el incremental de demanda que no pueda ser atendido ni por Ucrania (primer exportador) ni tampoco por Rusia (segundo exportador). De conseguirse esto, en la próxima década, el país debería volver, al menos, a 2,5 millones de hectáreas, como en la campaña 2006/2007, y algo más de 5 millones de toneladas de materia prima.

Debilidades y amenazas

Entre los aspectos comerciales, que hacen a las debilidades, se encuentran que la Argentina no accede al precio pleno del Mercado de Rotterdam, de referencia para este mercado y el de mayor poder adquisitivo. La causa radica en las bajísimas tolerancias a residuos de insecticidas de parte de la Unión Europea, además que se pagan altos costos de flete por la distancia a los principales destinos.

En lo que hace al refinamiento, prácticamente en quince años no hubo inversiones en nuevas plantas de molienda ni tampoco en la mejora y acondicionamiento de las ya instaladas.

Como parte de la reducción del negocio, se retiraron de la actividad jugadores importantes de la industria, consecuentemente hay menos compradores de materias primas. A lo que se suma que la actividad tiene un segregamiento por fecha de ingreso de mercadería.

También, al registrarse faltante de volumen se impide la existencia de un Mercado a Término que permita asegurar el riesgo precio. Entonces, a raíz de la reducción del número de compradores y de la consideración de los diversos “tiempos del mercado” (Norte y Sur), se ha afianzado entre muchos productores girasoleros la percepción de falta de transparencia en la formación de precios.

Por su parte, a nivel agronómico, la oleaginosa tiene una limitación temporal de la ventana óptima de siembra para cada región girasolera, lo que genera una fuerte competencia por el área con la soja y el maíz. Además, registra un fuerte impacto de daño por aves en determinadas subregiones.

También hay una baja escala de siembra que limita la inversión lo que se traduce en la existencia de una marcada brecha de rendimiento entre productores de punta y de nivel medio.

Entre las principales amenazas, están los derechos de exportación y las políticas de controles de precios en las que participa el aceite de girasol refinado envasado. (fuente Infocampo)