La Cámara Santafesina Avícola reclama créditos acordes para el sector

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Pese a que la viene remando de atrás, Santa Fe es la tercera provincia productora de carne de pollo del país, después de Entre Ríos y Buenos Aires. Detrás de las 34 millones de toneladas producidas en 2020 en territorio santafesino, hay historias de familias, cooperativas o empresas que la vienen gambeteando, reconvirtiéndose o esperando una señal de un Estado que suele perderse en sus propios laberintos. Planificar a largo plazo, aseguran, es un desvarío, pero todavía hay quienes creen en esta quimera.

Para conocer a los protagonistas de esas historias y gambetas, Agroclave habló con representantes de la Cámara Santafesina Avícola, entidad que nuclea a 10 empresas que representan el 85% de la producción provincial.

Raúl Sánchez fue su primer presidente (2009 a 2012) y desde entonces Alejandro Coinaiz está al frente de la entidad. El objetivo es “llegar a abastecer lo que se consume en Santa Fe. Para eso, necesitamos duplicar la producción. Esto implica inversiones de 15 a 20 millones de dólares anuales”, afirma su presidente.

La falta de acceso al crédito “que sirva y se pueda pagar” es la mayor dificultad con la que se encuentran los empresarios santafesinos del sector. “El problema es hacer esto prácticamente solo. No hay acompañamiento por parte del Estado para financiar el salto tecnológico que se necesita, que demanda el mercado mundial y que nos permite mantener en pie”, resume Coinaiz y agrega: “La inversión que tendrías que hacer en un año y medio, la terminas haciendo en cinco. Y quedas otra vez atrasado”.

Pese a la gran demanda de productos elaborados, como hamburguesas, embutidos, milanesas, chorizos, patitas rebosadas y nuggets, hoy el sector no puede responder. “Ese es el futuro”, evalúan desde el sector. Salvo excepciones, la industria local ofrece al mercado interno el pollo entero o trozado. Esa inversión que permita dar “el salto” y “dar vuelta a los frigoríficos”, es la que necesitan hoy. Pero no hay crédito.

Para Coinaiz, “los créditos importantes siempre se manejaron con los grandes de Entre Ríos o Buenos Aires. Como fue el anuncio realizado días atrás por el ministro de desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas”.

El referente de la cámara avícola se refiere al anuncio que se hiciera el pasado 2 de julio, en coincidencia con el Día de la Avicultura, sobre la puesta en marcha de líneas de financiamiento para el sector por 2 mil millones de pesos para la tecnificación de granjas avícolas. “No siempre se adecua a lo que necesitamos. El crédito apunta a hacer galpones con la última tecnología. Está claro que son necesarios, pero en Santa Fe necesitamos reconvertir lo que ya tenemos”, señaló.

“Terminás haciendo parches. Para un crédito de 13 millones, sólo los gastos llegan a 1 millón de pesos. El pequeño productor, que generalmente es monotributista, tampoco lo puede tomar. Hay que buscar alternativas, como un fondo de garantía que pueda calzar al pequeño productor”, propuso.

Al respecto, Raúl Sánchez, ex presidente de la entidad, dijo: “En un país normal, cualquier empresa está endeudada en un 50% de su patrimonio. Acá significa timbear la empresa con una tasa del 40%, imposible poder afrontarlo. Podes tener de vez en cuando créditos al 24% para comprar un camión a 5 años. Pero nosotros lo necesitamos para poder producir”.

Cuatro Sánchez y un García

“Mis abuelos vinieron de Andalucía. Eran cuatro Sánchez y un García. Mi padre era Sánchez por padre y Sánchez por madre. Los socios eran sus primos hermanos, con el mismo apellido, y un cuñado de apellido García”, cuenta entre risas Raúl Sánchez, de la empresa Sánchez y Sánchez (pollos San Andrés).

“Mi papá era hábil para los negocios. Cuando se unió al negocio de pollos, tenía sobre sus hombros 30 años de reparto de queso y fiambre. Empezaron criando pollos y emplazaron una incubadora. “Les empieza a ir bien, era la época de veda de carne de Lanusse”, recuerda Raúl, en referencia a la medida implementada en 1971 por el gobierno de Agustín Lanusse, de dos semanas de veda por una de consumo durante.

Para esa época, la empresa llegó a tener 6 incubadoras: “El pollo se criaba en 6 meses en jaulas, era todo muy artesanal”, recuerda. Así fue hasta el 83, que adquieren un frigorífico: “Empezamos con 1500 pollos por día y hoy estamos en 50 mil pollos”, cuenta.

Cada uno de los tres socios fundadores, tuvo dos hijos: “Cinco varones y una mujer. Nos repartimos los trabajos: yo me encargaba de la administración, otro de la crianza de los pollitos bebés, otro de los reproductores, de la fábrica de alimentos. Nos llevamos bien y superamos los roces que surgen. Vivimos de un sueldo y desde hace treinta años no se reparten utilidades”, destaca Raúl.

Para el empresario, una de las razones fundamentales del crecimiento fue la integración de los procesos. Hoy la planta central y la administración están ubicadas en la ciudad de Santa Fe, la planta de subproductos en Sauce Viejo, la procesadora de soja en Frank, la fábrica de alimentos balanceados en Recreo y la de Incubación en San José del Rincón. La mayoría de las granjas de crianza son propias y están distribuidas en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. El plantel hoy supera los 500 empleados.

En el mercado local, la empresa vende pollo entero y trozado en Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Salta, Santa Fe, Rosario y Cañada de Gómez. Lo que es corazón y garra lo exportan casi todo a China, y la harina de pluma a Vietnam. “Todo se recicla”, cuenta Raúl. “Al agua que sale de la planta, se le extrae la grasa. Este subproducto se traslada en camiones a la planta de harinas de vísceras y de plumas. En los digestores, colocamos la grasa que cumple la misma función que el aceite nuevo”, destaca.

Las garras son las mimadas

Andrés Cura es jefe de integración avícola de la Cooperativa Agrícola Avellaneda (CAA). Es ingeniero agrónomo y desde hace 15 años trabaja en el sector. La cooperativa tiene 2000 socios y solo 37 participan en el sistema integrado avícola. En esta escala, la CAA es la única que está bajo un paraguas de economía social: “Siempre buscamos eficiencia. La renta no queda en la estructura o en el frigorífico, sino en el socio, que es donde está el esfuerzo. Ese es el espíritu de la cooperativa”, cuenta Cura.

Hoy el socio participa en la crianza de las aves. El resto de los eslabones es manejado por la misma cooperativa, que se encarga, entre otros, de la selección de huevos fértiles, incubación, faena y elaboración de harina y aceite con los subproductos del pollo.

“El productor invierte en el galpón y en mano de obra. La cooperativa le entrega el pollito bebé, el alimento y realiza la supervisión técnica y sanitaria. Llegada la fecha, retira, faena, procesa y desarrolla mercados. Al socio se le paga por kilo vivo que produjo en su granja.

La planta de alimentos balanceados se creó en 1973 y hoy produce 7,5 toneladas de alimento por mes y muelen 80 mil toneladas de granos.

Para Cura, fue clave desarrollar mercados en el mundo ya que les permitió regular las sobreofertas del mercado local: “Cuando acá sobra, aumentamos el volumen de exportación y viceversa”.

Sobre las posibilidades de crecimiento en Santa Fe, reflexiona: “Tenemos toda las chances. Hay que darle la mayor utilidad posible al puerto de Rosario. Esto reduciría enormemente los costos. Hoy salimos desde Buenos Aires”. La cooperativa tiene un régimen de 17 a 20 contenedores mensuales (cada uno de 25 a 27 mil kilos de producto), pero durante la pandemia, llegaron a exportar 7 durante un largo tiempo.

El principal destino es Rusia: alas, patas muslo unidas por la cadera y mdm (carne molida de pollo recuperada mecánicamente). También llegan a China con pollos enteros (más chicos, de 2 kg), alas y garras.

Las garras son las niñas mimadas del sector: “Desde 2010 comenzamos a vender a Hong Kong y desde hace 3 años a China. Estamos en una burbuja, pero se llega a pagar hasta 3500 dólares la tonelada. El corte vacuno se paga de 4200 a 4500”. Fritas, hervidas, en sopa y condimentadas, rellenas y a la mostaza, frescas o empacadas al vacío. Servidas de todas las formas posibles, “las patas de gallina son uno de los bocaditos más populares en China”, describe un sitio web especializado en recetas. El tercer destino es Vietnam: harinas de vísceras y de plumas. A Arabia Saudita exportan pechuga de pollo.

En el mercado interno (centro norte de Santa Fe, el NEA y el NOA), el 60% que comercializa la cooperativa es pollo entero (800 mil pollos en promedio por mes) y el 40% restante es trozado. Una pequeña parte (“es un proyecto muy nuevo”) se destina a una planta de ciclo 2: bovino, cerdos y pechuga de pollo para productos elaborados.

Una inversión que marcó un hito para llegar al mercado internacional fue la instalación de un túnel de congelado dinámico: “El pollo ingresa a faena a las 4 de la mañana. A las 5 y 30 entra al túnel que trabaja con -35 ºC. A las 4 de la tarde sale con temperatura de congelado para colocarlo en un depósito y esperar al container que lo suba al barco”, describe Cura.

Un tema no menor es la tensión entre automatización y mano de obra. Hoy 258 personas trabajan en diferentes eslabones de la unidad. 173 están en la planta procesadora.

Para finalizar, destacó el cuidado del medioambiente: “El frigorífico genera efluentes que se procesan para no generar daños. Desde hace 5 años van a dos biodigestores que generan gas y así disminuye el uso de leña (no tienen gas)”.

Vaivenes de un país en crisis

“La empresa la creó mi padre, en Recreo, y llegó a ser la tercera productora del país. En 1989 (hiperinflación) se funde. Junto a sus cuatro socios, arrancan comprando pollitos bebés para una granja. Pagaban el servicio de alquiler y los criaban, compraban alimentos y vendían pollo vivo”. Así describe los inicios de Criar SRL Alejandro Coianiz, que ingresa a la empresa en 1993. Comenzaron “a crecer de a poco”, se asociaron a otra empresa y lograron producir su propio alimento. Hoy el frigorífico se encuentra en Serodino.

Arrancaron con cajones de pollo eviscerado. Producían 1250 cajones por semana (10 a 11 mil pollos). En 2001 producían 1,1 millones. Este año estiman llegar a 4,2 millones.

En plena crisis del 2001, el frigorífico donde faenaban cierra sus puertas. Deciden comprarlo “a pagar en varios años, respetando la antigüedad de la gente que venía trabajando”, lo que les permitió duplicar la producción”.

Actualmente venden a Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Tucumán, Chaco, Formosa, Mendoza y San Juan. Entre un 15 y un 20% es pollo trozado, el resto entero. Tienen 3 granjas propias y 25 integradas (a quienes pagan por el servicio de hotelería de crianza)”, explica Coianiz. Cuentan con una propia planta de alimentos en Carmen del Sauce.

En 2010 adquirieron un túnel de frío, que les abrió las puertas para exportar alas y garras a Hong Kong y Vietnam. “Lo que sigue es seguir agregando valor, con las Nuggets, los productos congelados que es lo que se está demandando. Estamos hablando con terceros para avanzar sobre esto”, cerró.

Algunos números

• Para producir un kilo de pollo, se necesita, en promedio, 1,8 kg de alimento balanceado compuesto principalmente por maíz, soja y trigo (algo de vitaminas y aminoácidos). Hasta diez años atrás, la proporción era 2,2 kg de alimento por 1 kg de pollo. Hay granjas en Brasil que hoy llegan a 1,55/1 kg.

• El sector avícola transforma en proteína más de 5 millones de toneladas de maíz y 2 millones de toneladas de soja al año.

• En 2019, cada argentino consumió en promedio 48 kilos de pollo, 50 kilos de carne bovina y 18 kilos de cerdo. Además de 19 kilos de huevo.

• En los 60, un argentino consumía 5 kg de pollo/ año. En 2003, 20 kg.

• Hasta hace unos años, el argentino promedio se conformaba con un pollo chico (2 kg, 2,4 kg). Hoy demanda un pollo que supere los 2,8 kg y hasta los 3 kg.

• El pollito bebé nace en una incubadora y es trasladado a la granja. Allí, según la tecnología aplicada, permanece entre 42 y 48 días en galpones que albergan entre 10 mil y 40 mil piezas. En los 70 se necesitaban 80 días para producir un pollo de 2,5 kg. Hoy, en prácticamente la mitad de tiempo, puede salir uno de 3 kg.

• Varios factores incidieron en este proceso: la mejora genética, la automatización, la estructura, el manejo, la sanidad y la tecnología aplicada. “Quizá necesites a alguien que sepa más de informática que de cría de pollo”, afirman desde el sector.

• Entre Ríos es la provincia que lidera el ránking de producción. En 2020 produjo el 51% del total de aves del país: 388.027.891 de 758.006.158. Buenos Aires, el 35,45% (268.766.344). Santa Fe se sube al podio con 34.020.929, un 4,48% del total. Y pidiendo pista, se avizora Córdoba con 29.112.056 (3,84%). (fuente AgroClave, diario La Capital)