Los números del trigo 2022/23: siembra, costos, cosecha y aporte económico

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La Bolsa de Cereales de Buenos Aires actualizó su proyección de siembra de trigo 2022/23, que mejoró levemente en relación a la primera estimación realizada a fines de abril.

En ese entonces, la entidad porteña pronosticó un área de 6,5 millones de hectáreas, con una caída del 3% en relación a las 6,7 millones del ciclo anterior.

Este jueves, en el marco del Congreso A Todo Trigo que se está realizando en Mar del Plata con cobertura de Infocampo, el cálculo mejoró levemente: ahora se prevén 6,6 millones de hectáreas, lo que significa una merma interanual del 1,5%.

Según Agustín Tejeda y Esteban Copati, los técnicos encargados de presentar el informe, esto ocurrió porque en el último mes el precio internacional del trigo siguió mejorando, y eso alentó a muchos productores a incorporar finalmente al cereal dentro de su plan productivo.

Vale mencionar que, del informe de la Bolsa se desprende que tanto el clima como los precios internacionales juegan a favor de este cultivo. En cambio, el viento en contra lo aporta la suba de los costos: implantar la misma cantidad de hectáreas que el año pasado demandará una inversión 46% superior, según estimó Tejeda.

Esta ecuación ajustada, en medio de la incertidumbre internacional por la guerra en Ucrania y el retorno de las cuarentenas por la pandemia de Covid-19, y de un contexto político local también con complicaciones, son las que llevan a muchos productores a no apostar en este ciclo por el cereal.

Entre la menor siembra y una menor inversión en tecnología por la suba de costos mencionada, la proyección de la Bolsa porteña es una producción que se situaría en 20,5 millones de toneladas, 8,5% por debajo del récord de 22,4 millones de toneladas de la campaña pasada. Así y todo, sería la segunda mejor cosecha de la historia.

De este modo, junto a la cebada, los cereales de fina generarían este año un valor agregado bruto de U$S 6.354 millones, 10,5% por debajo del año pasado, fundamentalmente por la menor cosecha que significa menores exportaciones.

Pese a los mejores precios internacionales, el comercio exterior aportaría U$S 6.236 millones, y le reportaría U$S 1.782 millones al fisco por retenciones y otros ingresos, un 5% menos que en el ciclo previo.

LOS NÚMEROS DESDE ROSARIO

En paralelo, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) difundió una proyección más pesimista que la de la Bolsa porteña.

En principio, para la entidad santafesina la siembra solo alcanzaría 6,35 millones de hectáreas, un 8% o 550.000 hectáreas menos que un año atrás. Y a partir de esa previsión, la cosecha alcanzaría 19 millones de toneladas, un 14% por debajo del máximo histórico de 22,1 millones de la última campaña.

Según la BCR, “la falta de agua y el crecimiento de la cebada” son los factores que “le bajan hectareaje al trigo argentino”.

“Respecto del escenario de siembra del año pasado, hay diferencias muy importantes: el centro, sur y sobre todo en el oeste de Buenos Aires y Entre Ríos arrancan mejor que hace un año. Pero en el resto de Argentina, las condiciones para el trigo en el primer metro del perfil son notoriamente inferiores”, subraya el reporte.

Bajo este panorama, considera que en Córdoba es donde la siembra triguera arranca peor, con casi toda la provincia en niveles de reservas hídricas entre secas y muy secas. “Las condiciones son incluso peores que en el 2020, año de desastre para el trigo cordobés: la media provincial fue de tan solo 15 quintales por hectárea”, señala el estudio.

No es un dato menor, porque en los últimos años fue la segunda provincia con mayor producción del país. “Puede suceder que la campaña tome el rumbo del 2021 y haya eventos de lluvias que mejoren el escenario y, por ende, la intención de siembra. Pero con falta de pronósticos de lluvias hasta el 20 de mayo, las actuales condiciones de Niña y la posibilidad de tener un tercer evento, no puede descartarse el derrotero que tomó el trigo en el 2020”, agrega el relevamiento.

Asimismo, el informe hace referencia a los altos costos como otra importante limitante, lo que además de reducir el área, achica la inversión en fertilización. “El último año, cuando el cultivo tuvo un comportamiento excepcional y el rinde país fue de casi de 34 quintales por hectárea, queda descartado de la serie porque la tecnología a aplicar este año será de inferior nivel”, descuenta la BCR. (fuente Infocampo)