Para el INTA «la agricultura argentina no puede prescindir» de los agroquímicos

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El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el organismo oficial de investigación y desarrollo de la producción agropecuaria de Argentina, expresó hoy su opinión respecto del uso de fitosanitario y fertilizantes químicos en la producción agrícola, con un argumento afirmado en el uso responsable de éstos para mantener producciones de alimentos que puedan enfrentar a una demanda siempre creciente.

El Inta, presidido por Mariano Garmedia, partió justamente del problema del aumento poblacional en el mundo -con datos de las Naciones Unidas- “que plantean la necesidad de aumentar la producción de alimentos y de disminuir el desperdicio”.

En un informe titulado “Hacia una producción más eficiente, precisa y sustentable” en el cual se consultó la opición de especialistas del propio Instituto, el Inta aseveró que “el sector agropecuario tiene el desafío de alimentar a un mundo cada vez más habitado, en línea con las exigencias ambientales, sociales y éticas de los mercados”.

En este marco, el Inta señaló que se “plantea a la intensificación sostenible como la estrategia productiva que permitiría hacer frente a este escenario global. En un reciente informe sobre el rol de los productos fitosanitarios de síntesis química en las producciones agropecuarias, los especialistas destacan que es posible ‘incrementar la productividad y rentabilidad con un menor impacto ambiental, de la mano de una reducción gradual de insumos externos’”.

En esta línea, el informe confirma que “la agricultura argentina no puede prescindir completamente de los productos fitosanitarios sin poner en riesgo el volumen y la calidad de la producción”.

La primera cita del informe es la de Jorgelina Montoya –coordinadora del proyecto estructural gestión sostenible de fitosanitarios y especialista del Inta Anguil, La Pampa– quien ponderó el rol de los insumos de síntesis química para garantizar los rendimientos de los cultivos a fin de poder alimentar a un mundo cada vez más habitado. “Son vastos los antecedentes que demuestran que sin el uso de fitosanitarios las pérdidas en manos de las plagas serían significativas”, señaló.

“Sin embargo, es clave apuntar a una optimización en el uso de fitosanitarios: conocer los procesos que definen su comportamiento ambiental, como así también los factores y tecnologías de manejo de los cultivos y de las plagas, y, por ende, en el manejo de los fitosanitarios”, agregó Montoya.

Por su parte, Luis Carrancio –director del Inta Oliveros, Santa Fe–, afirmó que “los agroquímicos son una herramienta necesaria, pero riesgosa” y puso especial atención en “la necesidad de manejarlos correctamente”.

Carolina Sasal –especialista del Inta Paraná, Entre Ríos–  subrayó que “los fitosanitarios son una herramienta, pero no la única” y, en esta línea, destacó la importancia de “considerar otras estrategias de manejo que son alternativas y complementarias como el uso de bioinsumos, rotaciones, controles mecánicos y manejo de fechas de siembra que permiten un menor uso de insumos químicos”.

A su vez, Eduardo Trumper –coordinador del programa de protección vegetal y especialista Inta Manfredi, Córdoba– aportó una mirada más amplia: “Prescindir o no de los fitosanitarios dependerá del encuadre de cada productor, dado que hay situaciones muy heterogéneas y concepciones diversas de la agricultura, todas válidas según lo que se priorice”.

Agroecología y otras

Carrancio profundizó este concepto y reconoció que “el uso de insumos químicos es una práctica muy arraigada en los actuales sistemas productivos que resulta difícil cambiar, a pesar de que existen alternativas, como la agroecología”. De todos modos, reconoció que, “si bien, es una opción viable, su alcance es limitado”.

Así el Inta también plantea que “es posible” lograr el incremento de la productividad y de la rentabilidad del productor con “manejos con un menor impacto ambiental” y citó “un abanico de estrategias” para reducir el uso de insumos.

Trumper enumeró el uso de variedades resistentes a plagas y señaló la importancia del  monitoreo, el uso de criterios sólidos para la toma de decisiones “y, cuando se justifica, aplicaciones eficientes y precisas”.

Con respecto a este último aspecto, el informe subraya la “necesidad de poner el foco en el uso eficiente y responsable de los fitosanitarios a fin de evitar las fugas del agroecosistema, entendidas como Buenas Prácticas Agropecuarias (BPAs)”.

Sobre las BPA, Carrancio subrayó que “es un concepto mucho más profundo que va más allá de las aplicaciones de agroquímicos y de la simple creencia de que se hacen las cosas bien”. Este sentido, destacó las otras herramientas que permiten hacer frente a las dificultades productivas tales como la rotación de cultivos y los cultivos de cobertura, entre otras alternativas complementarias que se difunden desde el INTA.

En este sentido, Trumper no dudó en asegurar que “hay una tendencia global de ir hacia una producción agropecuaria en transición hacia un menor uso de insumos de síntesis química”. Y, en este punto, Sasal reconoció que “hay una tendencia global y una mirada social que nos impulsa a ir hacia sistemas productivos con un menor uso de insumos químicos” y agregó: “Debemos aprender a producir de manera rentable, pero sin impacto ambiental”.

Un problema, decenas de alternativas

El Inta dio marco e instrumentos para generar conocimientos científico-tecnológicos en gestión ambiental agropecuaria en los últimos 25 años. En esta línea, el informe destaca la extensa trayectoria del organismo en investigar y difundir estrategias sustentables que colaboran en reducir el uso de insumos químico tales como el manejo integrado de plagas y el control biológico con tácticas de evasión a partir de las fechas de siembra o la obtención de variedades resistentes a plagas.

O bien, la implementación de la llamada “Técnica del Insecto Estéril”. Esta estrategia consiste en la liberación masiva de machos estériles para una disminución substancial de la reproducción de las plagas.

A su vez, el desarrollo y adopción de las técnicas de solarización, biofumigación y biosolarización han contribuido a la reducción del uso de fumigantes químicos en los cultivos bajo cubierta. Esta última técnica además contribuye a la economía circular por permitir el uso de residuos locales y a la degradación de plaguicidas acumulados en el suelo.

Por su parte, las rotaciones de cultivos y los cultivos de cobertura se encuentran entre las principales y más reconocidas BPAs para reducir la erosión eólica, hídrica y reducir el escurrimiento superficial, y por lo tanto minimizar las fugas de contaminantes que pudiesen ocurrir a través de dichos procesos.

Otras prácticas muy difundidas por el Inta para la conservación del suelo son la sistematización de tierras y la siembra directa (SD), así como el considerar el período entre momento de pulverización y eventos de precipitaciones constituye otra de las estrategias de minimización de pérdidas de fitosanitarios. (fuente Noticias AgroPecuarias)