viernes, febrero 23, 2024
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Un suelo vivo y sano para mitigar el cambio climático

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El suelo, vivo y sano, contribuye a la mitigación y adaptación al cambio climático. La consigna sigue prendiendo fuerte en el debate del sector agropecuario pensando en una agricultura moderna, pero al mismo tiempo adaptada a los desafíos del planeta y a las demandas sociales que pugnan por una alimentación más saludable y formas de producción que acompañen ese proceso.

Con esa mirada, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), vuelve a poner foco en el suelo en su debate anual, el tradicional Congreso cuya edición XXXI se realizará nuevamente en Rosario del 9 al 11 de agosto en Metropolitano,bajo el lema: C, elemento de vida”.

Es el principal eje temático del congreso, transversal a todo el programa y vinculado justamente al lema de este año será el carbono y se lo abordará “desde una mirada global hasta el lote, reforzando una de las premisas más importantes de Aapresid que es tener suelos vivos y sanos contribuyen a la mitigación y adaptación al cambio climático”, indicaron los organizadores.

Sin embargo, este planteo suele chocar en innumerables ocasiones con la coyuntura, marcada por cuestiones climáticas, como la última sequía y de precios e infraestructura, que hacen que el productor argentino comience a tomar decisiones de supervivencia, corriendo el foco del mediano plazo y dejando así de lado la sustentabilidad como uno de los ejes de su manejo.

Aapresid publicó recientemente un informe donde alerta sobre el avance de las labranzas en la superficie cultivada de Argentina. El país aún es líder en la adopción de la siembra directa, una tecnología que llegó a ocupar más del 90% del área sembrada y que contribuyó a un salto en productividad, eficiencia y cuidado del ambiente, reduciendo las emisiones de carbono en 18 millones de toneladas a nivel nacional.

Sin embargo, en su informe Retaa 20/21, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires midió una caída en el área bajo siembra directa del 3%, que si bien no es una cifra alarmante, desde Aapresid advierten que, desde lo conceptual, “se trata de un verdadero retroceso evolutivo”.

El informe también afirma que “el suelo es un bien común de la ciudadanía argentina y que por tanto es clave que el Estado aliente el manejo sustentable”, a través de por ejemplo, programas de reducción fiscal a dueños de campos que concreten contratos de más de cinco años, o implementación de planes de uso del suelo. Porque consideran que la producción sustentable necesita de la posibilidad de proyectar en el mediano plazo.

Los enemigos

Contratos anuales son uno de los enemigos de la sustentabilidad, según plantearon desde Aapresid y señalaron que los costos y disponibilidad de insumos así como la anualidad de los alquileres son algunos de los motivos que están llevando a muchos productores a labrar.

En cuanto al primer factor, el informe de la entidad, titulado “No a la labranza”, advierte que el 60% de la superficie agrícola está bajo un régimen de arrendamiento anual y señala que la falta de planificación debida a la incertidumbre que genera esta anualidad lleva en muchos casos a la ausencia de cultivos invernales o a implementar esquemas de reposición de nutrientes. Detalla que hoy se repone solo el 38% de los nutrientes exportados en el país.

A su vez, la concreción tardía de contratos hace que las empresas se encuentren lotes con infestaciones de malezas en estados avanzados, lo cual limita la efectividad de estrategias de control no mecánicas.

Sin embargo, desde Aapresid siguen militando la necesidad de apostar a la sustentabilidad como un negocio que da réditos en el mediano y largo plazo.

“Trabajamos los campos como si nos fuéramos a quedar toda la vida”, explicó el Ceo de la empresa Man Agro, Diego Sánchez Granel. La firma es oriunda de Pergamino socia de Aapresid y produce el 100% bajo arrendamiento con renovación anual. “Aplicamos rotaciones, cultivos de cobertura, fertilización y mejoras como si fuera un campo propio. Sabemos que el rédito de estas inversiones está en el mediano plazo y no en el mismo año”, agregó el ejecutivo y detalló que “al invertir, la productividad mejora y baja la variación de rendimiento y esto nos da más capacidad de pago del arrendamiento que es lo que nos mantiene competitivos en el largo plazo”.

Los arrendamientos cortos

Sánchez Granel indicó que las crisis _como sequías, inundaciones, problemas económicos y de precios de commodities_ son escenarios que generan fuertes movimientos y rotación entre inquilinos y propietarios. “Por eso es importante para las empresas ser muy competitivas y profesionalizadas”, dijo.

Otra de las claves está en la concientización de los dueños de la tierra. “Dedicamos muchas horas a cada negociación para que los propietarios conozcan los beneficios de prácticas como los cultivos de cobertura, la fertilización, rotaciones para cuidad su activo tierra”, agregó.

Sánchez Granel destacó que al momento de encarar un manejo sustentable cobra peso el tipo de dueño de la tierra, y que si bien todos son rentistas, hace una distinción entre agricultores y explotadores. “Ha dueños que tienen mente de agricultores, que por más que den a alquilar sus tierras por diferentes motivos, sufren cada problemática, como la falta de lluvias junto a nosotros, las entienden y viven. Pero hay otros que son estrictamente rentistas explotadores y no tienen ningún interés por la conservación del sistema y su activo tierra”, indicó. “Cuando detectamos este perfil, directamente rechazamos el campo ya que hace inviable aplicar nuestro modelo en el mediano y largo plazo. Creo que el productor que convalida estos modelos de explotación es víctima de su complicidad”, aseguró.

En ese manejo sustentable, también desde Aapresid vienen batallando por una mirada integral de los lotes, considerando a los cultivos de servicio (CS) antes denominados de cobertura, como un elemento clave para la salud de los suelos.

Justamente los especialistas de la entidad explicaron que hay hallazgos recientes que revelan el papel de las raíces de los cultivos en la formación de materia orgánica y terminan de inclinar la vara hacia el suelo siempre verde, dado que su salud implica interacciones entre sus componentes.

“Para que un suelo sirva a la producción de cultivos debe gozar de buena salud y esto depende en gran medida de su cantidad de materia orgánica y biodiversidad. Mediante manejos agronómicos respetados, con siembra directa, haciendo un uso adecuado de las fertilizaciones, y manteniendo cubiertas vivas el mayor tiempo posible es factible mejorar el estado de los suelos.

«Ahí es donde entran los cultivos de servicios (CS)», detallaron desde Aapresid. Anteriormente se llamaban cultivos de cobertura y se creía que sólo servían para mantener cubierto al suelo durante el barbecho. Pero hoy esa definición les queda chica y “es mejor definirlos como cultivos de servicios ecosistémicos, de regulación y soporte”, indicó Gervasio Piñeiro (Fauba – Conicet), coordinador de la Red de Cultivos de Servicios de Aapresid.

Los CS son aquellos que se siembran con múltiples propósitos en función de las necesidades del sistema y de los objetivos de cada establecimiento. Ayudan a conservar la humedad del suelo, intervienen en el control de plagas y malezas, mantienen un equilibrio nutricional y contribuyen a la acumulación de carbono y materia orgánica.

Las raíces de las plantas generan compuestos que exudan hacia el suelo, llamados rizodeposiciones. Estos compuestos “alimentan” a los microorganismos del suelo, quienes a su vez “retribuyen” a las plantas con nutrientes inorgánicos. Un estudio realizado por Piñeiro junto con la Red de CS, revela la importancia de las raíces y sus rizodeposiciones en la acumulación de carbono y materia orgánica.

A través de innovadoras técnicas de laboratorio, descubrieron que las rizodeposiciones son la principal fuente de carbono que se destina a formar materia orgánica estable _que es aquella asociada a la fracción mineral del suelo_ mientras que las raíces aportan el carbono que pasará a formar parte de la MO particulada. La parte aérea de los cultivos sólo aporta cerca del 5% de su carbono al suelo.

Más allá de las características de cada suelo, hay una relación directa entre contenido de materia orgánica, captura de carbono y salud de suelos. Tal y como lo expresó el especialista, que hablará de este y otros temas en el próximo Congreso Aapresid, “los suelos sanos almacenan más materia orgánica y tienen más carbono, o mejor dicho al revés, si el suelo no tiene salud no puede acumular carbono”.

Carbono y los nueve ejes de debate

El Congreso de Aapresid tendrá una serie de ejes temáticos que buscarán aunar el debate en torno al lema: C, elemento de vida. En ese sentido, el carbono, la salud del suelo y el cambio climático estará entre los principales temas del encuentro. El mismo es transversal a todo el programa y vinculado justamente al lema del año que reunirá a los productores en siembra directa de Argentina y el mundo.

Se abordará el tema desde una mirada global hasta el lote, reforzando una de las premisas más importantes de Aapresid: suelos vivos y sanos contribuyen a la mitigación y adaptación al cambio climático.

El resto de los ejes son:

  • Bioeconomía, donde se presentarán caso reales en distintas partes del país y el mundo de proyectos que buscan descarbonizar los procesos productivos. Allí se incluirá el tema de los bioinsumos
  • Biotecnología: los últimos avances en el mejoramiento de cultivos y el panorama y manejo de la resistencia en insectos a eventos biotecnológicos, además de los aspectos regulatorios en Argentina y otros países.
  • Sistemas agroecológicos: Qué se entiende por este concepto y aspectos como agricultura-ganadería regenerativa o sistemas sustentables en siembra directa.
  • Sistemas integrados: La integración entre agricultura y ganadería es un gran aliado de la agricultura siempre verde promovida por Aapresid ya que permite incorporar una mayor diversificación e intensificación de nuestros sistemas.
  • Manejo de cultivos: Experiencias en distintas zonas de influencia de Aapresid en el país y el exterior donde se pondrá la lupa en temas cómo nutrición, plagas y genética de cultivos pero siempre con la mirada del sistema en siembra directa.
  • Maquinaria y Agtech: desde lo más disruptivo a lo elemental, las tecnologías más modernas incorporadas en el campo y las próximas.
  • Legislación y políticas públicas: se abordarán de forma proactiva cómo las políticas de Estado pueden contribuir a mejorar los sistemas de producción.
  • Educación y comunicación: los nuevos saberes que deben incorporar los jóvenes para manejar e incorporar las nuevas tecnologías a los sistemas de producción. (fuente AgroClave)