Vivencias y desafíos de un apicultor trashumante

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La producción de miel es anterior a la especie humana y la relación entre abejas y hombres está en continua evolución. Las abejas no solo hacen miel, sino que brindan un servicio esencial para la diversidad de las plantas en el mundo: la polinización. Su preservación y la de su hábitat beneficia a todos.

El santafesino Gustavo Tielemans es de Venado Tuerto y se define apicultor trashumante por la manera de trabajar con las abejas, llevando las colmenas de un punto a otro de Argentina. En un alto en su tarea cuenta: “Los apicultores no paramos. Las abejas deberían estar comenzando a invernar. Ya recibieron su tratamiento sanitario, tienen alimento para pasar el invierno, y lo que tenemos que hacer nosotros es molestarlas lo menos posible, dejándolas ahí hasta que aparezcan las primeras flores”.

Meticuloso y respetuoso de esta especie cuya existencia es irreemplazable para la biodiversidad, advierte: “Debemos tener mucho cuidado si hay que abrir alguna colmena o realizar alguna tarea de mantenimiento, preservándolas de las bajas temperaturas. Ahora que terminamos los trabajos de campo, debemos preparar todo el material para la próxima temporada: mantenimiento de colmenas, reparaciones, cambio de piezas en mal estado, se bañan los cajones con aceite, se alambran marcos, pegamos cera. Es mucho lo que hay para hacer y el tiempo es ahora, en invierno, o cuando hace frío”.

Su tarea la desarrolla con abejas de la especie ‘Apis Mellifera’, también conocida como ‘abeja doméstica’. En lo que a tratamiento sanitario se refiere, hace más de cuarenta años que las abejas son amenazadas por un parásito exótico (Varroa) que las ataca. Es un ácaro que daña a la abeja en diferentes niveles. Le debilita el sistema inmunológico haciendo que las enfermedades virales se desencadenen cada vez más. También transmite virus que se propagan muy rápido en las colonias.

“Por su apariencia, es similar a la garrapata que acosa a los perros y originariamente no atacaba a nuestras especies de abejas, pero después varió y ahora es un problema que debemos controlar permanentemente usando acaricidas de diferentes formulaciones”, describe el apicultor.

Siguiendo las flores

“Los apicultores que están fijos esperan las flores en sus lugares”, explica, diferenciando el caso de los trashumantes.

“La floración no es precisamente en la primavera, porque tenemos algunas zonas donde comienza antes, especialmente en el norte. Muchos apicultores trashumantes nos movemos por distintas provincias buscando las floraciones. Lo más frecuente para iniciar la temporada es Tucumán”, cuenta.

“La apicultura cambió mucho, ya no se puede estar quieto. La mayoría de los apicultores se mueven de Norte a Sur. Tucumán tiene las primeras floraciones con los limoneros y algunas otras flores de plantas nativas de la zona, en los montes”, dice, invitando a imaginar el trajín que amerita.

“La apicultura tiene mucho trabajo físico, ‘poner el lomo’ a pleno. Hay que pasar noches manejando, a veces con frío o mal alimentados. El apicultor trashumante sabe de qué se trata, somos como los gitanos”, agrega.

Zafra, sequía e incendios

Consultado acerca del resultado de la reciente zafra y cómo impactaron las conocidas contingencias, remarca que “las abejas siempre son generosas. Trato de no quejarme y soy de los que piensan que todo depende de la ambición del productor”.

“De los últimos cinco años, este último fue entre regular y bueno. Depende mucho de la zona, porque en algunas fue de regular a malo, por la sequía. En mi caso la zafra anterior fue excelente, pero esta fue buena”, evalúa.

Los incendios tienen un efecto devastador. Y también el humo es un enemigo de las abejas.

“Los lugares que se quemaron son muy puntuales, variados pero puntuales. No sólo fue en el litoral, los hubo en San Luis y en otras provincias. Cuando el fuego llega a las colmenas es una catástrofe; te lleva el laburo de un montón de años. Hay casos que te da tiempo de trasladar o mover las colmenas, pero no siempre es así”, comenta Tielemans.

Según su apreciación “los incendios no afectaron el volumen global de la cosecha, justamente porque fueron en lugares muy puntuales. El mayor número de colmenas está en la zona de La Pampa y ahí llovió bien, se dieron buenas cosechas. Pero no en todos lados fue así”, describe.

Comercialización

Como sucede en otras producciones, los apicultores entregan sus cosechas a exportadores que son, al final del camino, quienes fijan los precios.

“En nuestro caso, son muy pocas las empresas que comercializan la miel y nos manejan el precio”, sostiene y se esmera en aclarar: “Muchas veces los exportadores me bancaron y les estoy agradecido, podría decir que les debo mucho. Pero una cosa no quita la otra, también nos tienen con el pie encima. Hay productores que, por el bajo precio de la miel, no la cosechan y se la dejan a las abejas”.

Como ejemplo cita que en la zafra anterior hubo precios promedio de $300 llegando hasta $320 el kilo, y este año la miel más oscura (la que menos se paga) está a unos $260/280 y los mejores precios están en el orden de $290. “La inflación no se vio representada en el precio de la miel, mientras que los insumos aumentaron todos (azúcar, combustible, operarios), y mucho”, remarca.

“Tengo unas mil colmenas y necesitaría dos operarios, pero no siempre puedo contratarlos porque los números son demasiado finos. Hago un sacrificio mayor, trabajo mucho más, pero lo hago con gusto. Cuando la cosa sea diferente, veremos. Por ahora sólo puedo contratar temporalmente cuando el trabajo es pesado y pleno, traslado de colmenas, por ejemplo”, dice al comentar el caso de su emprendimiento.

“Actualmente la actividad está un poco desinflada justamente por los bajos precios. Además, nosotros dependemos del clima. Si miramos los portales de apicultura podemos ver que se ofrecen muchas colmenas para vender, hay quienes no les cierran los números y se deshacen de sus colmenas. El que recién empezó y no está muy motivado se desalienta”, lamenta.

Y cierra: “Siempre sugiero que nos preparemos para un año malo y al mismo tiempo para un año muy bueno, porque nunca podemos pronosticar y estamos trabajando al lado de la naturaleza. La verdadera riqueza está en los amigos que se hacen compartiendo esta actividad, andando por diferentes lugares. Además de miel cosechamos amistad. Eso termina siendo lo más valioso. No hay que bajar los brazos, lo mejor está por venir”. (fuente Alejandro Rafael Guerrero/AgroClave)