El escenario ganadero 2024 estará condicionado por la oferta

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Las perspectivas ganaderas para 2024 muestran un mercado muy condicionado más por la oferta que por la demanda, al menos es lo que dejan entrever las primeras proyecciones.

Al menos es lo que se puede esperar si se consideran parte de los factores que condicionan la  hacienda futura, según los hechos ocurridos en los ciclos precedentes.

A diferencia de ello, la proyección de la demanda resulta más compleja porque, si bien existen tendencias de consumo que se sostienen en el mediano y largo plazo, tienen mucha más incidencia
las decisiones de compra que los productores toman en lo inmediato, en especial, en ciclos como los actuales con tantas variables de la macro y microeconomía en la que se busca hallar un nuevo equilibrio.

El escenario actual

Por el lado de la oferta sabemos que estamos dejando atrás un año fuertemente afectado por la  seca, evento que dejo como resultado una importante caída en las pariciones y en los
destetes logrados, con una menor productividad de carne y una mayor extracción de hacienda, en  especial de hembras, explica el último informe de Rosgan, Lote de noticias.

A su vez, apoyado en un cambio de escenario político y económico como así también climático, es esperable observar -tal como se viene anticipando- un mayor nivel de retención de hacienda por parte del criador.

Sin embargo, en un contexto esperable de mayor retención, no es posible precisar el grado de retención que logre realizar el productor en un marco de costos crecientes y escasas reservas  financieras provenientes de un año que para muchos significó una fuerte descapitalización.

Por parte del engordador, ya con una mayor oferta forrajera en los camposy con un precio del maíz cotizando a un dólar mucho más competitivo para la exportación, la ecuación debería volver a inclinarse hacia el invernador pastoril, donde el costo por kilo de carne ganado resulta sustancialmente más barato.

Este retorno a las invernadas pastoriles, alteraría a su vez la estacionalidad con la que ingresaría esta hacienda terminada, en especial viniendo de un año de fuerte protagonismo del feedlot, ante la grave situación que atravesaron los campos.

En concreto, por el lado de la oferta podemos anticipar que habrá una menor disponibilidad de terneros para engorde, una zafra posiblemente, más lenta en la medida que el criador logre retener mayor tiempo esos terneros y una salida de hacienda terminada que también podría ver ligeramente alterada en su estacionalidad, producto de la diversidad de resultados que generan estos sistemas menos intensivos.

En números generales, este año estaríamos terminando con una faena total en torno a los 14,5 millones de cabezas y una producción de carne cercana a los 3,3 millones de toneladas, limitada por por una merma no menor en el peso medio logrado por res.

Para el próximo ciclo, considerando la menor cantidad de terneros que estaría ingresando a los sistemas de engorde, sumado a una moderada retención de vientres, estimamos que el nivel de faena en 2024 podría resultar inferior a la de los últimos dos años, que podría ubicarse en torno a los 13,2 millones de cabezas.

Sobre esta base, y frente a una ligera recuperación de los pesos medios de faena producto de las mejores condiciones climáticas, proyectamos una producción anual de carne vacuna cercana a los 3 millones de toneladas, 300 mil toneladas menos respecto de las que se lograrían en 2023.

En definitiva, por el lado de la oferta, en términos generales, el escenario proyectado nos remite a cifras similares a las observadas en 2021, año caracterizado por una marcada restricción de oferta.

Empero, desde el punto de vista de la demanda el contexto es muy diferente. Dos años atrás, con un mundo comenzando a salir de una pandemia, el consumo era incentivado de manera generalizada por parte de los distintos gobiernos como mecanismo para volver a dinamizar la actividad económica.

En este marco, los precios internacionales de la carne vacuna reflejaron fuertes incrementos durante gran parte del año, tendencia que termina quebrándose finalmente a partir del segundo cuatrimestre de 2022, con el derrumbe del mercado chino.

Mercado interno

En el plano local, si se toma distancia  de aquel contexto favorable, en mayo de 2021 el gobierno argentino decide cerrar las exportaciones de carne vacuna, retomando a partir de allí una política comercial fuertemente restrictiva e intervencionista, diametralmente opuesta a la  postulada por la actual Administración.

Por otra parte, el consumidor local también es muy diferente al de aquel entonces, que ante aumentos en los precios seguía mostrando una fuerte resistencia a bajar su consumo.

En cambio, hoy no está claro cuánto más pueda resistir el consumidor local sin comenzar a restringir su ingesta de carne.

Si bien los procesos inflacionarios suelen generar fuertes desequilibrios en términos de prioridades de consumo, el reciente ajuste en los precios de la hacienda, producto de un consumidor sumamente reticente a convalidar las últimas subas, nos da una primera señal de la respuesta que podríamos esperar por parte del mercado local en los próximos meses.

Mercado exportador

En lo que respecta a la exportación, sin duda, tras la devaluación de la moneda el sector, hoy goza de una mayor competitividad.

Sin embargo, no está claro cuán rápido podría ir erosionándose esa mayor competitividad cambiaria en la medida que el resto de los costos internos sigan viajando a tasas de inflación mensuales de dos dígitos.

No obstante, este interrogante que se plantea en términos de la competitividad de la industria exportadora, a la luz de las políticas de apertura y liberación comercial conocidas al momento, nuestra proyección para el próximo ciclo refleja un marco más favorable a la exportación que al consumo doméstico.

En este sentido, aun con una oferta de carne más restringida, estimamos que la exportación  presionará para sostener los niveles de actividad conseguidos este año a fin de diluir los pesados costos de estructura que recaerán sobre la operación.

En esta puja, no descartamos un escenario en el cual la exportación siga ganando participación de mercado en detrimento del consumo local que, de momento, se perfila como el segmento más debilitado pudiendo incluso llegar a retroceder a niveles de consumo inferiores a los 45 kilos per capita.

Sin embargo, aún son demasiadas las variables que restan definir en este nuevo escenario
macroeconómico planteado tras el cambio de gobierno.

Si bien desde la oferta podemos proyectar con mayor grado de certeza un escenario de menor disponibilidad de carne, no es posible al momento ofrecer el mismo grado de precisión respecto a la dinámica de ajuste que planteará la demanda. (fuente Noticias AGroPecuarias)